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...Sin Embargo, los delfines se limitaron a reírse y continuaron pendientes del cielo, donde el yakuna seguía siendo víctima de sus juegos.

Todavía reían cuando, de pronto, las negras sombras surgieron a toda velocidad en la superficie. Uno de los tiburones tigre, y luego otro, encontraron sus presas. A continuación, en torno el arrecife, las aguas se tiñeron de un brillante color escarlata con la sangre de los delfines, La gran matanza había comenzado. El propio Dinginjabana fue seccionado en dos mientras trataba de escapar. Su cabeza primero y luego su cola, se hundieron lentamente hasta el fondo marino donde vivían los yakuna, mientras Mana se alejaba con el testo de su cuerpo para dar cuenta de él.

Y Ganadja, oculta entre los yakuna, lanzó un grito de terror al ver flotar junto a ella la cabeza de su esposo, Dinginjabana. Uno de los grandes tiburones escuchó el grito y acudió rápidamente, intentando localizar la voz. No obstante, cuando los yakuna vieron que el tiburón no tardaría en dar con Ganadja, empezaron a gritar al unísono:

-Ven y aplástate contra el fondo. Nosotros cubriremos luego todo tu cuerpo con nuestros caparazones.

Ganadja se apretujó de inmediato contra la arena y todos los moluscos cubrieron su cuerpo con sus caparazones. El tiburón pasó frente a ellos sin advertir la presencia del delfín y, así, Ganadja se salvó de la carnicería.

Fue la única de toda la tribu de delfines indjebena que escapó a la masacre, pero ahora se hallaba absolutamente sola y pronto empezó a caer en la desesperación. Por fin, varios meses después, su soledad terminó al dar a luz a un hermoso pequeño al que puso por nombre Dinginjabana, en honor a su padre. Y este pequeño creció hasta hacerse mucho mayor de lo que habían sido nunca los delfines. De hecho, alcanzó tal tamaño que, desde ese día, ningún delfín adulto volvió a temer la presencia de Mana, el tiburón tigre. Este segundo Dinginjabana fue el primero de la tribu de delfines plateados que hoy vemos a menudo.

 

 AB 2381

 

Y los espíritus de todos los delfines muertos en la carnicería se hicieron duros y secos. Finalmente, al cabo de mucho tiempo, todos ellos renacieron en tierra firme, donde se convirtieron en los primeros seres humanos. Sus aletas no volverían a nadar veloces entre las olas. Una noche, cuando su hijo era ya un delfín adulto, Ganadja se hallaba nadando cerca de la orilla cuando vio a su esposo, Dinginjabana, que era ahora un hombre.  Y Ganadja, tras lanzarse hacia tierra firme con un poderoso salto, se impulsó sobre la arena gracias a sus aletas. Dinginjabana reconoció entonces a Ganadja, su antigua esposa, y ella lanzó un grito de alegría; al instante, quedó convertida en un ser humano. Por eso hoy, cuando encontramos a un delfín varado en tierra firme, podemos tener la certeza casi absoluta de que ha acudido en busca de su compañero convertido en hombre.

 

 AB 1259

 

Con el tiempo, el Dinginjabana humano y Ganadja tuvieron muchos hijos que se convirtieron en el pueblo de la isla de Groote y, dado que fueron los descendientes de su sabia madre, Ganadja, los isleños de Groote son los únicos seres humanos que recuerdan que los delfines son los antepasados de toda la raza humana. Sin embargo, todos los delfines que surcan las aguas actualmente también son descendientes de la madre Ganadja. Y así, los defines, no importa donde se hallen, jamás olvidan que todos los humanos que vagan por la tierra son parientes suyos; por eso, incluso en la actualidad, los delfines siguen buscando a sus primos humanos, para jugar con ellos como en los Tiempos del Sueño.

FIN.

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(Volver a parte II)

-Fotografías realizadas dentro del proyecto www.verballenas.com-

 

 

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